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Por: Dra. Carmen María Márquez Pérez La autora es doctora en psicología y co- autora junto a Héctor Gil de Lamadrid del libro Golpes Silenciosos, ¿Pero él te pegó?. Para más información visite la página www.golpessileciosos.com Siempre soñamos con encontrar el PRÍNCIPE AZUL. ¿Pero qué pasa cuando ese príncipe azul se convierte en tu PRÍNCIPE OSCURO? Muchas mujeres se casan con la ilusión de que es para toda la vida. Sin embargo, no se ve desde temprano las señales de una destrucción emocional. Se enamoran de aquel galán, detallista y amoroso; colocándolo en un pedestal. Estos les juran amor eterno, prometiéndoles cuidarlas para siempre y estar ahí hasta la eternidad, pero no tarda mucho en convertirse en alguien menos fascinante, lanzando palabras hirientes. Para algunas de ellas, las palabras son tan sutiles que minimizan su significado y tratan de hacer que sus oídos no las escuchen. Otras actitudes son tan hirientes que las hacen sentirse heridas, tristes y pérdidas. Ahí, el Príncipe toma acción y las duerme con sus argumentos convincentes de que no es para tanto, que estás exagerando la nota y que sigues siendo la mujer de su vida. Vienen los cambios repentinos de humor, donde de una persona que te insulta y te maltrata emocionalmente, se convierte nuevamente en el Príncipe Azul; invitándolas a salir, sorprendiéndolas con un ramo de flores y otros detalles. Es como montarse en un barco de vela, donde las mueven psicológicamente de un lado hacia otro lado y se sienten mareadas, pero el viento les quita el mareo. Ocasionalmente piden perdón, y se pueden hasta arrodillar y manifestarnos que eso no va a volver a suceder, pero no tardan mucho en repetirse esos episodios que van destrozando el alma. Continúan sus insultos y agresiones verbales: “Eres una hija de la gran…, so cab…, maldita sea la hora que te conocí, so imbécil, “no eres nadie sin mi”. En ocasiones esas agresiones se dirigen físicamente hacia una puerta, donde el cuarteado de la puerta te hace pensar día a día que algo anda mal pero no sabes que es. Muchas veces sientes que estás paralizada pero no encuentras la causa. La batalla y el choque de emociones se confrontan con el mapa mental y tratas de descifrar; “esto no puede estar pasándome a mí, él me ama, él no puede ser así”. Hasta piensas que estás exagerando la situación y te llegas a convencer. Continúas haciendo las cosas que él quiere que hagas y tratas por todos los medios de buscarle sus gustos hasta la saciedad, pero nunca es suficiente y continúa socavando la estima con comentarios como por ejemplo:"si hicieras bien las cosas, si no fueras tan tonta, acuérdate que tú eres alguien desde que me conociste, yo que te lo he dado todo, tú no podrías vivir sin mí”. Es posesivo y celoso con tus amistades y familiares. Te cuestiona constantemente el tiempo que le dedicas a otras personas. Su egoísmo es tal que no deja de pensar en él. Planifica y hace las cosas a favor de él. Aunque te repita constantemente que lo hace por ti. Tiene una carencia de introspección que no le permite darse cuenta qué efecto está teniendo su comportamiento en tu persona. Es mezquino contigo, te puede insultar cuantas veces le da la gana y pretende tener sexo contigo luego de insultarte. Luego te culpa porque no estás de humor. Nunca se satisface con tu manifestación de amor. Su necesidad de amor y aliento es insaciable. Los agresores emocionales son expertos en utilizar tu información en contra tuya. Mal interpretan los comentarios que haces y los ponen a favor de ellos. Es difícil mantener un dialogo lógico o resolver diferencias con ellos. Puedes racionalizar el vil comportamiento de tu pareja y fabricar excusas sobre él. Incluso llegas a mentir para cubrirlo. Además, en muchas ocasiones te haces participe de la agenda de él. Vemos y notamos que nuestro cuerpo ya no responde igual. Nuestro corazón comienza a agitarse. Tratamos de desalojar de nuestra mente todos aquellos sucesos desagradables que ocurren durante la relación y pretendemos que todo está funcionando bien, pero en el fondo de nuestro corazón sabemos que algo no marcha bien. Es difícil entender que un hombre que había jurado amor, que era tan gentil, amable, caballeroso, cariñoso, halagador, y con palabras convincentes con la gente de afuera, pudiese ser así con la persona que él decía que era la mujer de su vida. Continúan los ataques, los insultos, las burlas, los comentarios sexistas y tu vida comienza a congelarse. Comenzamos a dejar de confiar en nosotras mismas, en nuestros propios instintos, hasta el punto que no sabemos quiénes somos. Agotamos tiempo buscando contestación a la situación y siempre con la esperanza de que eso va a cambiar. Cuando nada de esto sucede te sientes cansada, triste, frustrada, con coraje y miedo, y se te agotan las lágrimas. Llega el punto en que nos seca el corazón y perdemos la dirección de nuestro horizonte. Finalmente creemos que nos estamos volviendo locas. Caminamos como sonámbulas y en automático. Aunque tu pareja esté al lado, te sientes sola, en cautiverio y sin esperanza. Muchas veces pensamos que es nuestra culpa, sintiendo una sensación de impotencia. Llevamos una batalla interna para tratar de buscar soluciones y librarnos del dolor, pero la conducta y actitudes del Príncipe nos opacan e impiden que veamos alguna salida para salvar la relación. Tratamos de penetrar y arreglar algo que es insalvable. Tememos decirle esto a alguien; “Nuestro Príncipe Azul se ha convertido en nuestro propio enemigo, se ha convertido en Nuestro Príncipe Oscuro”. # # # |